Querida señora hermana:
Con todo respeto os insto a que perdonéis mi largo silencio
epistolar. La pérdida de mi viejo cálamo de águila me condujo a una apatía,
aderezada con cierta pereza, que todavía me acompañan.
No obstante, mi nuevo cálamo, mucho más modesto por estar
hecho con pluma de cernícalo, me permitirá felicitaros por la ampliación en el
tiempo de vuestra vocación de servicio, por vuestras incursiones literarias y
por vuestras trepidantes excursiones en busca de autor.
A pesar de mi silencio, hallo placer en saber de vos Señora
hermana.
Con todo mi cariño os saluda
Esta que lo es